En mi mundo de fantasía no existiría la intolerancia y la violencia quedaría mermada, reinando la paz.
En mi mundo de fantasía, el ser humano sería libre, capaz de tener opiniones y convicciones propias y no unas impuestas por la soiedad.
En mi mundo de fantasía no habría fracaso, cada individuo elegiría lo que quisiese ser, experimentando con sus habilidades, descrubriendo en qué es capaz de sobresalir y no sentirse un marginado.
En mi mundo de fantasía, la justicia sería igual ante todos y para todos, no sólo de palabras sino de hechos. Los ricos no serán liberados y los pobres encarcelados.
En mi mundo de fantasía se valoraría a las personas por lo que son y no por lo que tienen.
En mi mundo de fantasía el respeto sería una ley inviolable.
En mi mundo de fantasía, las malas noticias: violaciones, guerras, masacres, crímenes... quedaría en el pasado. Sólo se hablarían de las buenas, de las verdaderas.
Esto y mucho más ocurriría en mi mundo de fantasía. De momento, no puede ser posible que se haga realidad pero mi esperanza es eterna como mi ilusión de ver un mundo mejor.